Se despertó casi al alba, la esperaba un día largo con una serie de estudios médicos para
comenzar, un almuerzo de trabajo con un abogado joven que la tenía enamorada y una cena
de amigas como broche de oro.
Casi no necesitó el despertador desvelada por la elección del vestuario. Desde las cinco de la
mañana repasaba vestidos y zapatos, colores y accesorios.
A las ocho salió de casa elegante como siempre, desparramando glamour a su paso, con su
falda de diseño exclusivo arriba de la rodilla, pañuelo de Hermes y cartera de Jackie Smith.
Maquillada pero poco (que apenas se note) y oliendo a flores de Gerlain.
Caminaba por la avenida Callao ligerito, para no llegar tarde, sin prestar atención a nadie pero
sabiendo que todos se daban vuelta para mirarla.
En la esquina de Alvear despotricó contra ese desubicado que regaba las plantas tan
temprano, sintió el contacto suave del agua en el costado de su vestido esperando que no se
hubiese desteñido.
Al llegar al centro médico, abrió con gracia su cartera y notó que en el frasco estéril no
quedaba ni una gota.
Extendió las órdenes de los estudios a la recepcionista, con la letra corrida casi ilegible y le dijo:
-Olvidé traer el análisis de orina, espero que no sea un problema.
A quien no se le dió vuelta el fresquito!
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