El nuevo integrante

Entonces decidimos alquilar un vientre. Ya estábamos grandes, pasados nuestros cincuenta.

Los dos sabíamos que esa presencia minúscula nos haría muy bien. No porque estuviéramos cansados el uno del otro, sino porque siempre que hay una nueva vida es como una ráfaga de aire fresco que desintoxica y rejuvenece. Además, nuestros propios hijos ya estaban grandes ¿y cuando ellos se fueran qué?… la casa en silencio, nadie para recibirnos, definitivamente no sería lo mismo.

Planificamos todo a escondidas de ellos, tal vez nos tildaran de locos. Nos subimos al auto y encaramos la autopista para acceder al barrio donde estaba la mujer que nos había hecho tantas promesas. Era un sitio algo lúgubre y había un fuerte olor a excrementos. Se escuchaban aullidos por todos lados, pero no podíamos ver demasiado bien. Ella nos dijo que al cabo de unos días nos daría una respuesta y regresamos porque ya estaba oscuro.

Después de una semana nos llamó. Volvimos por el mismo camino, ya no nos costó tanto llegar y el lugar no nos pareció tan mal. Nos estaba esperando. Mi marido preguntó tímidamente si podíamos elegir el sexo, aparentemente no habría ningún problema. A mí me daba igual, pero él contaba con que una vez que creciera sería el compañero ideal para sus andanzas y especialmente sus salidas de caza. Desembolsamos la mitad del dinero que nos solicitó, era bastante para andar con eso circulando, pero no hubo forma de hacer una transferencia. Tuvimos que aceptar el trato, aunque no nos daba muchas garantías, ¿y si se guardaba el anticipo y nos quedábamos sin nada? Cerramos los ojos y volvimos a casa pensando en su buena fe.

Los días pasaban lentamente y ocultábamos cada objeto que comprábamos para el nuevo integrante de la familia, no fuera cosa que nuestro plan se echara a perder. ¡Teníamos tanta ilusión! Ahí también empezaron mis dudas. ¿Y si los chicos lo rechazaban?, ¿si no les nacía darle amor? y bueno, ya no había mucha vuelta atrás.

Estaba en esas cavilaciones cuando sonó el teléfono. Ya nació, nos dijo la voz ronca, se llama Otto, pueden venir a buscarlo en 45 días, es un precioso cachorro de Vizla color caramelo.

Homenaje a nuestro perrito Otto que supo darnos tanta felicidad en tan corto tiempo.

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