A pesar de las botas de ski caminaban con el mismo glam que en las avenidas de Buenos Aires. A la mañana temprano se lookearon, intercambiando anteojos de sol, guantes y bufandas como si fueran collares y pañuelos de Hérmès.
Llegando a la aerosilla tuvieron que separarse porque el número impar les impedía subir a las tres juntas.
A ella le tocó de compañero de vuelo un chico alto y simpático. Las modernas tablas Rossignol delataban que tenía varias temporadas encima. La mayor parte de su cara estaba cubierta por el gorro y el cuello polar y una sonrisa franca era el único rasgo visible debajo de las antiparras.
En el trayecto él habló de cómo había llegado al cerro con sus amigos y los buenos tragos que preparaban en la base. Ella le contó del restaurante del km 10 que habían conocido la noche anterior y deslizó como sin querer el nombre de su hotel y el número de habitación. Naturalmente, él la invitó a encontrarse y tomar algo cuando bajaran a la tarde después de que cerraran los medios de elevación y descendió a toda velocidad sin dejarla pensar demasiado.
A las seis menos cuarto entró al boliche y lo vio acodado en la barra. Ella le sonrió como si lo conociera desde siempre y él le correspondió haciendo un gesto con la mano para que se acercara.
Hablaron de la vida como una hora y media. Él tomaba cerveza, en vez del superador Tom Collins que tanto le había ponderado en la silla, pero a ella no le importó. Al levantarse pagaron a la americana sin quedar en nada.
Al llegar al cuarto sus amigas le contaron del chico alto y buen mozo que pasó por el hotel preguntándoles por qué ella lo habría plantado.
sos una genia!!!!!
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Ahhhh????!!!! Me falta cuento! Ahora me doy cuenta q hace mucho q no te leía!
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