Inspiración

Nunca había estado tan inspirado. Al dormirme los pensamientos se agolpaban en mi materia gris formando constelaciones de ideas brillantes y me levantaba antes de que amaneciera para escribir sensaciones y sentimientos que serían la base de mi primer gran libro.

La lectura sin duda había ayudado, y mucho, porque como bien lo dijo Georgie, ¨para ser un escritor hay que ser un buen lector¨. De ahí que mi libreta ya estaba completa, con flechas que salían hacia abajo y hacia arriba. En los márgenes una serie de anotaciones algo ilegibles y uno que otro post it para resaltar esa maravillosa frase con la que iba rematar cada capítulo.

Los párrafos iban desfilando de día y de noche, entre autores clásicos y modernos se encendía algún concepto innovador y sorprendente.

En ese largo año que estuve pergeñando mi gran obra sentí cómo las musas iluminaban mis textos, ninguna faltaba a la cita, pues cuando no se presentaban en mi mesa de trabajo, lo hacían subrepticiamente en esos pocos momentos de descanso de mi psique. Materializados en sueños a veces, o en una especie de duermevela en otros casos, fluidamente, se iban concatenando letras con palabras, palabras con frases, frases con capítulos hasta completar las cuatrocientas cincuenta páginas de ese título que presenté orgulloso en el concurso literario del diario Clarín.

Esperaba al menos, una mención que no pudo ser. A pesar de ese miembro del jurado que me hizo su devolución por privado parafraseando a Jonson, ¨su libro es bueno y original, pero la parte que es buena no es original y la parte que es original no es buena¨, seguiré intentándolo.

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