Estación espacial

Hace más de seis meses que estoy varado en esta estación espacial de morondanga y ya no me aguanto más.
Se suponía que estaría solamente un par de meses verificando las probabilidades de vida en Saturno, pero mi nave chocó con un meteorito y mi vida quedó regulando en la órbita intergaláctica.


Ya estoy re podrido de alimentarme a base de píldoras mágicas, se me antoja una pupusa gordita y sabrosona y hurgando en las provisiones de la estación lo único que encontré son pellets proteicos con sabor a ananá. Nunca entenderé por qué le ponen gusto a fruta si en las encuestas de la NASA yo marco pollo.


Para colmo de males, por culpa del golpe, el robot que me pusieron de compañero de viaje se descompuso y repite siempre la misma frase: “Es hora de tomar tu baño semanal”. ¡Pero no te das cuenta de que el agua acá está racionada y ya llevo como medio año con olor a chivo!


Lo peor de todo es que ahora no es como antes que estabas incomunicado y nadie te rompía los esquemas. Desde que nos dieron esos teléfonos satelitales, la bruja llama todos los días preguntando: ¿Y cuándo volvés? ¡No ves que estoy en casa sola con el chiquito siempre con mocos, y vos allá papando moscas haciéndote el importante!. ¿No te dije que el 12 de junio tenemos el casamiento del hijo de mi hermana? ¡Si no venís te mato, siempre parezco la viuda negra! Y a mi qué me importa que el retardado ese haya conseguido casarse, si siempre fue un malcriado que lo único que sabe hacer es jugar a la Play.


También ¡A quién se le ocurre mandar una circular a los familiares festejando el hito en comunicaciones! ¿y si resulta que querías estar tranquilo? Porque cuando elegí la profesión de astronauta esta era una de las cosas que pesaban a favor en la balanza, no tener que escuchar ningún reproche ni tener que dar explicaciones a nadie de lo que hago o dejo de hacer. Y menos que menos responder a una súplica, que todos saben que soy blandito y no digo nunca que no a nada.


En fin, me voy a peinar que en 5 minutos salgo al aire en Univisión.

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