Ad altiora tendimus

(Del taller del JC y cómo un disparador en latín te puede teletransportar en el tiempo)

Rosa, rosa, rosam, rosae, rosae, rosa. Subía las escaleras del colegio recitando de memoria la primera declinación. Rosae, rosae, rosas, rosarum, rosis, rosis.

Cada peldaño me situaba más cerca del matadero. Las clases de latín con la profesora Donatti eran de lo más tediosas. Ella olía a pergamino antiguo y su piel hacía juego con su perfume, arrugada como una pasa, y con el pelo de un tinte que trasmutaba entre el gris y el celeste, nos miraba por encima de la montura de sus anteojos sin que se le escapara el más mínimo gesto de empatía hacia nosotras, sus alumnas de primer año.

Antes de iniciar el secundario, las niñas del Lenguas Vivas pasábamos por un sorteo que determinaba en cual de las dos divisiones de inglés o francés quedaríamos. Con o sin latín.

Mi padre, abogado recibido en Córdoba con medalla de oro, consideraba imprescindible lo que para mí era un verdadero castigo, así que sin mediar sorteo y por decisión unilateral paterna me sometieron al dulce tormento de las declinaciones.

Tenía dos hermanas mayores que habían experimentado el mismo trance, solo que ellas eran muchísimo más dóciles y estudiosas que yo, y los dos años de convivencia con la lengua muerta no fueron tan traumáticoas y aprobaron sin inconvenientes. La profesora era la misma (animales en peligro de extinción en ese momento, no me quiero imaginar hoy día) y al principio tuvo alguna condescendencia para con mi persona, después de indagar con su voz chillona:

– Pasquali, qué es de las hermanas Pasquali de 3ro y 4to año?

Los primeros meses anduvimos bien, más tarde, cuando se dio cuenta de que los genes geniales no alcanzaban para tres niñas prodigio y en la última se caían cuesta abajo sin percatarse de la ilustre herencia académica familiar, me comenzó a tratar como a la peor de las mortales tomándome lección oral todos los lunes a las 7.50 de la mañana.

Dominus, domine, dominum, domini, domino, domino, con la lengua afuera luego de subir los tres pisos de la escalera de mármol entré a la clase como una tromba porque me imaginaba que ya estarían en pleno.

– Pasquali, quédese donde está, vomitaron sus finos labios cuando me vieron entrar. Alea jacta est!*

* La suerte está echada

Un comentario en “Ad altiora tendimus

  1. También me remontaste vos al Lenguas y a las clases de latín con este cuento…y al libro que teníamos, que me acuerdo que era de tapa dura y una encuadernación bárbara…dónde estará? Volviendo a las escaleras de mármol del Lenguas me transportaste a mi más tierna infancia. Para muchas amigas el Lenguas fue una tortura, en cambio a mí ve vincula a muy lindos recuerdos!!!!

    Me encantó tu cuento!

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