Ad altiora tendimus

(Del taller del JC y cómo un disparador en latín te puede teletransportar en el tiempo) Rosa, rosa, rosam, rosae, rosae, rosa. Subía las escaleras del colegio recitando de memoria la primera declinación. Rosae, rosae, rosas, rosarum, rosis, rosis. Cada peldaño me situaba más cerca del matadero. Las clases de latín con la profesora DonattiSigue leyendo «Ad altiora tendimus»

Pensar antes de actuar (por María Rosa Senet)

No soy de las que revisan cartas, celulares o bolsillos. Prefiero no enterarme. Pero me enteré. Una mujer me lo contó, con pelos y señales. Nombres, lugares, direcciones, fechas, horarios. Sabía todo la muy vengativa. Porque la odiaba a la mujer ésa. Y la vigiló, o la hizo vigilar, no sé. Rápidamente me dí cuentaSigue leyendo «Pensar antes de actuar (por María Rosa Senet)»

De brownies y chocolates

Recientemente tuve la oportunidad de escuchar una charla Ted donde Angélica Dass, fotógrafa de profesión, contaba cómo se tomó el trabajo de retratar a cuatro mil personas a lo largo del mundo, y clasificar sus tonos de piel tal como lo hace el catálogo Pantone. Encontró que todos son diferentes entre sí, sin distinguir entreSigue leyendo «De brownies y chocolates»

Discrepancias idiomáticas

Al abuelo que no conocí. Era español de pura cepa. Llegó con la inmigración de principios de siglo y se instaló en la ciudad de Córdoba. Ya afincado terminó sus estudios de abogacía y su personalidad franca y carismática le abrió las puertas como profesor de Derecho Romano en la Universidad de “la Docta”. EraSigue leyendo «Discrepancias idiomáticas»

Dos que se llevan muy bien

A mis queridos Adita y Tatín Desde chico salió a trabajar de cadete por un azar del destino. Su padre murió cuando era muy joven y siendo el mayor de una familia de cinco hermanos tuvo que aportar a la economía familiar. Él trabajaba a tiempo completo, tomaba el tranvía muy temprano en la mañanaSigue leyendo «Dos que se llevan muy bien»

El nuevo integrante

Entonces decidimos alquilar un vientre. Ya estábamos grandes, pasados nuestros cincuenta. Los dos sabíamos que esa presencia minúscula nos haría muy bien. No porque estuviéramos cansados el uno del otro, sino porque siempre que hay una nueva vida es como una ráfaga de aire fresco que desintoxica y rejuvenece. Además, nuestros propios hijos ya estabanSigue leyendo «El nuevo integrante»